No tengo tiempo para respirar, pero vualá lo sigo haciendo (por desgracia).
La universidad me mata poco a poco, la ansiedad me consume y un nuevo psiquiatra intenta entender mi loca mente (pobre de él).
He tenido la idea creo errónea de confiarle algún que otro secreto pero temo que se vaya de la lengua contándolos a mi madre, por una parte soy una chica mayor de edad y no debería hacerlo, pero ya sabemos que estos "profesionales" nunca hacen lo que deben (o no todos).
No desprotico contra la psiquiatría, es un trabajo que me encanta.
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