sábado, 22 de noviembre de 2014

Me gustaría tener los cojones suficientes para mirar al miedo a la cara y gritarle que se fuera.

Llevaba mucho sin escribir, y aun no sé por qué he empezado ahora. Quizá lo he añorado. Quizá me 

aterraba no saber expresarme.


Se hace más fácil escribir sobre el dolor, la oscuridad y todo lo relacionado a mi vida pasada a la 


que por desgracia a veces vuelvo. 


Me siento diferente a esa chica que un día fui. Más fuerte, más indestructible, pero la verdad es que 


sigo siendo más frágil que la más frágil muñeca de porcelana. 


He intentado superarme, en todo, estudios, chicos, amigos. Todo. 


Tener cada pieza del puzzle en su sitio. 


Controlar. 


Perfeccionar. 


Y ese es mi problema. La perfección, la idea de esta. La obsesión por conseguirla. La 

autodestrucción 


que siempre viene de la mano de ella. Las inseguridades, el quizá “no eres suficiente”, cómo si tú 


misma debieras medirte en cada aspecto de la vida.


Ojalá la próxima vez, no diga solo que estoy mejor sino que la he superado.


Que el ser “perfecta” ya no me obsesiona, que cometo fallos y me alegran.


Que he aceptado cada aspecto de mi que no me gusta, cada acción que no ha sido lo que se 

esperaba. 


Ojalá algun día sepa mirarme al espejo, con una sonrisa en la cara.


Con una barriga rellenita y contenta.


Con una mirada que exprese orgullo en vez de decepción.


Supongo que no es fácil…



No hay comentarios:

Publicar un comentario